04 mayo 2009

Cancer para la cura


Un amigo dermatólogo me decía un día que todos los problemas de la piel tienen una base psicológica. Fue a los postres de una cena en la que, envalentonado por los efectos del vino, le pegué una patadita con mi pie de atleta revestido de campera por debajo de la mesa , viéndome obligado a confesarle este gran padecimiento secular.
Amante de los…ejem… vestuarios…y piscinas públicas servidor ha tenido que sufrir desde muy temprana edad la atosigante, persistente, fidelísima y –aquí reside su gravedad- insoportablemente placentera compañía de estos entes micóticos en sus pinreles , que hasta podría decirse que con los años esa relación amor-odio se ha convertido en toda una adicción insana que ni con yodo, canestenes o fungisdines ha sido posible combatir. Porque es tal el picor que producen estos bichitos sin escrúpulos con sus politonos celulares que la ceremonia de rascado se convierte en todo un rito de finalización, que puede llevarte incluso al éxtasis sexual autocomplaciente y en algunos casos incluso a la amputación del pie.
Mi amigo, que es un dermatólogo competente ( hasta se ha hecho su propio autoinjerto de pelo trasvasando cabellos de los hombros a su coronilla con una mano y con la otra manejando la blackberry), se sumió en un silencio profundo y turbador que al principio me hizo dudar sobre el contenido real de nuestras bebidas, pero que luego, al despejarse la bruma etílica, se tradujo en estas cavernosas palabras: “Deberías psicoanalizarte”. Sorprendido por el rápido e inesperado diagnóstico, (pero sobre todo al comprobar la enorme jeta de mi amigo, que me había endosado subreptíciamente el pago del montante de la cena), me encerré en mi mismo desde ese preciso instante y hasta hoy…, que todavía sigo debatiéndome interiormente en la duda de si seguir o no su consejo a pies juntillos. ¿Qué pasará si la terapia acaba con el problema y destierra semejante plaga bíblica definitivamente de mis pies hacia otros atletas? ¿Podré soportar su pérdida y el secreto placer que me proporcionaba su compañía?
He pensado que lo mejor sería quitarme yo mismo el Edipo ántes de acudir a ninguna sesión , nunca he creído en loqueros, y para ello me he aprovisionado de un kit especial en el Froiz , consistente en un pequeño vasito de plástico desechable, un botellín de agua y el dvd de la penúltima película de Coppola “Youth Without Youth” que mete miedo de lo mala que es. Espero que sea suficiente para empezar. Les tendré al tanto.
Saludos!