16 junio 2009

Tatoo


No sé si ya les había dicho que OjOvo es amante del juego de cambiarle las letras a las canciones de ayer y de hoy por otras mucho más libres, espontáneas y hasta escatológicas. El otro día me descubrí tarareando alegremente y en ausencia de pudor el “Maquíllate” de Mecano, seguramente por influjo de alguna mala compañía…Fue después de ver por la calle a un tipo con unos caracteres orientales tatuados en su cuello por detrás de su oreja.
De pronto, como sucede siempre, empecé a jugar sin darme cuenta:
“Tatúate-tatúate
Un proverbio catalán
Tatúate
La receta de mamá
Tatúate-tatúate
El Convenio del Metal
Tatúate…etc”
y…en fín…así hasta el aburrimiento y el quedarme dormido en un banco.
A día de hoy OjOvo debe ser de los pocos seres humanos del planeta que no lleva un tatuaje en alguna parte de su cuerpo, ni siquiera de esos temporales que se van en un día de lluvia. ¿Por qué?, se preguntarán. Bueno, pues no se lo pregunten.
¿Qué ha pasado?¿Por qué todo cristo viviente de un tiempo a esta parte se tatúa alguna de sus partes?¿A qué se debe esta avalancha de malotes y malotas?
Esta práctica ancestral que durante tanto tiempo nos remitía a ámbitos marginales y carcelarios o nos refería a la pertenencia a algún tipo de clan en quien lo llevara, se ha convertido con el paso de los años y la modernidad en un objeto de consumo que ha perdido ese significado para quedarse en el de mero adorno estético.
Me acordé entonces de lo que me sucedió con un amigo que cayó finalmente en la tentación general de hacerse uno aprovechando su luna de miel en Tailandia, arrastrando además a su nueva mujer en el delito. El tío volvió, si me permiten el tono coloquial, mucho más empalmado por los tatuajes que se habían hecho que por la propia experiencia marital. Unos hermosos caracteres orientales en su ingle y otros en el cóccix de su santa que, según les dijo el …artista nativo que, completamente ciego de opio se los realizó en un oscuro antro de Bangkok, venían a representar, traducidas al cristiano, las palabras “Amor” y “Odio”.
Un día se me ocurrió llevarlos a cenar a un restaurante chino y cual sería mi sorpresa al comprobar las risas del personal del local durante toda la cena. Mis amigos no se dieron por aludidos, euforizados como estaban por el relato de sus recién estrenados malabarismos amatorios, pero yo me quedé un poco moska; aprovechando un tiempo muerto en el que la parejita se sorbía mutuamente las encías, decidí investigar un poco y averiguar el motivo de tanto choteo oriental…Finalmente encontré la respuesta, vía soborno, en uno de los camareros gallegos que trabajaban allí, emigrantes del país asiático, re-tronados por años de consumo. Me contó que la gente se reía porque lo que los caracteres de mi amigo en realidad significaban era –asómbrense como yo-
las palabras “Casa Pepe Tiene Un Burro” y el de su novia “ Osea”, algo a todas luces …inapropiado e irritante. ¿Cuántos baths habrían financiado el cuidado de las adormideras del artista en pago por la realización de semejante… crueldad?
Avergonzado, no fui capaz de confesarle mi descubrimiento a la parejita y decidí dejarlos en su recíproca inopia sexual, pero este hecho ha reforzado mi idea de no caer jamás en esta tentación de marcar mi piel con arabescos extranjeros. ¿Para qué, si tenemos excelentes fuentes nacionales de las que beber? Me quedo con el “Amor de Madre” de toda la vida o en su defecto la propia cabra de la Legión a dos tintas, ántes que incurrir en errores de contexto que puedan ser fatales. ¿Se imaginan convivir en una cárcel tailandesa tatuado con la palabra “Osea” en el pecho en caracteres orientales pensando que en realidad lo que uno lleva tatuado es “Odio”? ¿Visualizan las palizas?

PD: Es lo malo de Mecano, que te persigue todo el día con el soniquete…“El acta de diputao
Tatúate-tatúate
La cama y el orinal
Tatúate-tatúate…”