05 junio 2009
Bueno señores

María metió un día en casa a su amante, una mujer la mitad de joven que yo.
De buenas a primeras, una majadera de medio pelo y en leotardos me sustituyó en su cama y como de una patada, ¡me vi de patitas en la calle!
Ese día no la ví salir del ropero cuando me dijo “OjOvo me voy con ella”. “¿Con quién, alma de cántaro, con quién te vas a ir sin el GPS ?” le dije. “Ella al menos me trata como un hombre” me espetó. Todos los valores corales sobre los que estaba cimentado mi pequeño mundo se derrumbaron al instante.
“Algo habría hecho, OjOvo”, pensarán. Piensan demasiado como siempre, creo.
Pués nada…ser yo: un hombre cariñoso, atento, comprensivo, detallista hasta el trastorno. Pero vamos, no creo que sean motivos suficientes para cambiar así de… mentalidad. Qué hombre puede esperar que su mujer un día acabe…afeitándose el mentón. Mi virilidad quedó en entredicho.
Este acontecimiento me dejó muy tocado, perdí la confianza en mi mismo y en mis posibilidades amatorias. Me convertí en un misógino de listón alto, un ser vivo asocial condenado al oscurantismo de por vida. Yo creo que en parte por eso me hice bloggero así, de un plumazo. Para ver si por medio del sexo fácil y rápido volvía a poner en su sitio mi depredador instinto masculino.
Hoy todo ha cambiado afortunadamente, soy gigolo de bingo, y ya no hay día en el que pase un segundo sin que bendiga ese otro en el que María me echó de caza.
PD: Ha salido una entrada un tanto resentida, seguramente como humilde homenaje a los relatos de este blog, una gran fuente de inspiración que sigo, gracias.
PD1: Ya no quedan cantantes como Tony Christie.