18 junio 2009
Taboo

Espero que me disculpe otra vez Galovart por el pirateo constante de ideas al que someto a su blog pero que sepa que no lo hago por puro ánimo de desfalco sino como un intento de iluminarme con sus propuestas en esos momentos que todo blogero tiene de vacío ante la hoja en blanco. Semos piratas, pero nobles.
Lo mismo ocurre con otros blogs, como los de LQS o Carlota, de los que pirateo todo lo que puedo sin ningún pudor, y cuya lectura me ha regalado momentos de gran…ejem…turbación (unas veces mas turbado que otras).
Por eso al leer el otro día la entrada sobre el amor y el desamor en el blog de Carlota me dije que porqué no podría hablar yo en el mío de este tema, tan tan taboo, con la solvencia que dan estos meses de experiencia blogera y en silencio comencé a rumiar este post.
Porque…el amor existe, ok, pero….¿cómo se reconoce? ¿cómo saber que uno está poseído por él y no simplemente por los efectos de un vulgar “atrapanovias”? ¿Cuales son sus síntomas? ¿Sudoraciones? ¿Enrojecimientos?
Una amiga me cuenta siempre que ella cuando quiere saber si está enamorada se hace un análisis de sangre para comprobar el colesterol. Si le da niveles altos, huye despavorida. Otro colega me asegura que reconoce un flechazo en el mismo instante en el que oye un siseo y empieza a sangrar por una pierna. Qué quieren que les diga: OjOvo es de esos ejemplares que no cree en la palabra amor a menos que esté escrita con mayúsculas. Y es incapaz de reconocerlo, enmarañado entre sus versiones romántica, filial, animal o fraternal. En todo caso sería un ejecutor del amor: alguien que cumple su trabajo sin hacer preguntas. Que hay que querer aquí: pues, se quiere. ¿Dónde hay que querer ( y cuánto pagan)? Allá vamos. Si tuviera que hablar de algún síntoma visible que certificara que servidor a estado alguna vez poseído por semejante monstruo, sólo podría referir esos momentos en los que, absorto en la contemplación de los reflejos mi rostro en un charquillo de agua, el sol de poniente me ilumina en escorzo, como de lado, y realza mis facciones animales en una composición de gran…ejem…belleza. Pero nada más.
¿Saben que les digo? Mientras no se demuestre lo contrario, el amor, para los…ejem…restauradores. Y si no que se lo pregunten a P.J Harvey que con un guitarreo se lo dejará bien clarito.
Adios …y recuerden que les quiero a todos!