22 marzo 2010

Intershopping



Hace ya un tiempo adquirí, inducido por la habitual publicidad engañosa que suele desplegar en radio la compañía Publipunto Intershopping de la mano de su castizo charlatán de guardia don Ramiro, un artilugio mecánico que, según ellos, habría conseguido por fín blindar el corazón humano a la acción de sentimientos y emociones, evitando así los innecesarios sufrimientos y afecciones que suelen producir las tonterías de la vida en dichos corazones.

Su ...ejem...sencillo...funcionamiento, basado en
"
un sistema exclusivo de ondas concéntricas bifásicas que multiplican el número de motoneuronas activas de nuestro organismos imprescindibles para una óptima tonificación muscular y un software exclusivo que modula adecuadamente los 2100 impulsos por minuto para acelerar los resultados y disminuir el tiempo de utilización sin fatigar los músculos",

me resulto muy atrayente y me convenció enseguida como método para tratar las múltiples aflicciones de la edad madura.


Anteriormente ya había probado otros productos de Publipunto, como la Snake Cream, un revolucionario sistema de regeneración celular para la piel basado en un veneno de serpiente, la "Víbora del Templo" de Thailandia, en el que se encuentra
"
un polipéptido exclusivo que bloquea las señales nerviosas que contraen los músculos de la cara y así detiene la aparición de arrugas y además tiene excelentes propiedades alisadoras de la piel, sobre todo en la frente y el entrecejo, el código de barras del labio superior y las patas de gallo"
y los resultados fueron excelentes, sobre todo en mi...ejem...código de barras, que nunca ántes lució tan lustroso y despejado. Aunque, todo hay que decirlo, también hay gente que ha tenido peor suerte y ha muerto con el Snake Cream.
En fín, el caso es que
decidí probarlo y lo pedí enseguida : por 150 euros me llegó puntualmente a casa con una manta eléctrica y una almohada cervical de regalo.
Desde el momento en que logré incorpo
rarlo a mi fisonomía vía supositorio, operación nada sencilla, funcionó de maravilla y todo comenzó a resbalarme como si mi sangre fuera de horchata pura; no volví a decir “lo siento” y desde ese instante fui incapaz de volver a establecer una relación seria con ningún ser vivo viviente o echar un bailecito en el salón.
Todo parecía indicar que esta vez don Ramiro no había vendido una moto como suele hacer habitualmente.


Sin embargo, llevo unos meses en los que me da que algo debe haberle pasado a este…invento científico. Imagino que se tratará del desgaste lógico por el paso del tiempo o de que el material del artefacto es de esa única y extraña aleación con la que se fabrican los juguetes chinos. Porque creo que se ha abierto una pequeña grieta y por ahí han empezado a colarse de nuevo dolorosamente los latídos impertinentes de este tamborcillo en el pecho. La música ha vuelto a inundar mi espíritu de finitas emociones y ahora por ejemplo siento remordimientos cuando intento atropellar a alguna vieja en un paso de cebra.
Volví a recordar otra vez los tiempos en los que cualquier tontería me percutía en las entrañas y el medio pelo se me erizaba por el más mínimo detalle cotidiano sin importancia.

Así que hace unos días decidí devolverle el aparato a don Ramiro y le pedí, muy educadamente eso sí, que se metiera el Super Heart Blender X69 por el culo y que me devolviera contrarembolso los 150 euros, sopena de denunciarlo ante la Corte de Estrasburgo por dicharachero compulsivo, mala persona y traficante de serpientes. Espero que sea un hombre que se viste por los pies y atienda mi demanda.

Por supuesto que no he querido volver a saber nada más de Publipunto ni de sus productos milagrosos ( y eso que tenían en promoción a la fabulosa Slanket o manta con mangas y bolsillos para los mandos de la tele que me estuvo tentando mucho tiempo). ¿No les conté cuando casi me electrocuto con el Nano Gym por culpa de su tecnología Shirf System? Otro día se los cuento...
Hoy ya vuelvo a disfrutar como ántes de mi
pequeño motorcillo vital, tan cascadito el pobre y tan pintarrajeaditas sus paredes de grafitis y muescas varias de la vida que da pena... pero bueno, es mío, es mi pequeño corazoncito sin pelo ... y...si total a mí me gusta que suene...pa qué lo quiero blindao.