01 octubre 2009

La Pose



Han pasado los días y veo con orgullo, cuando me miro en el espejo de este blog, lo mucho que estoy madurando como...ejem... escritor. ¡50 entradas!
Parece que fue ayer cuando, con una enorme mata de pelo ondulante batiéndome las orejas, me asomaba tímidamente a este espacio virtual intentándo disimularlas.
Dirán ustedes: pués parece rejuvenecido ojovo. Y yo les digo: gracias, no se merecen. Truquitos de la edad... jeje. Si quiero disimular mis canas, escribo en negrita. Si son arrugas pues... las pixelizo.
Y es que ahora me siento con más peso específico, no sé si me comprenden. Dirán ustedes: no le comprendemos. Y yo les digo: bueno, ya está bien ¿no? Quiero decir que ahora tengo como un poso intelectual. ¿Lo pillan ahora?
Lo he conseguido gracias a un proceso de maduración vía sufrimiento: escribiendo entradas sin desmayo, encerrado en mi celda de aislamiento desmontable para bloggers y estrujándome las neuronas noche tras noche, intentando ser cada vez un poco más maldito, un blogger de culto en la blogosfera, ese bicho raro al que casi nadie lee. Meses después puedo presumir con la cabeza muy alta de ser seguido por lectores que se cuentan con los dedos de una mano. Y todo ello se lo debo a mi aumento de peso espe...quiero decir...de poso intel...bueno, ya saben.
A día de hoy siento mucho más enchido mi …ovo… por dentro, como con una nueva vida interior masculina; hablando de lo divino y mintiendo sobre lo humano. Embutido de esta nueva sabiduría salgo a la calle muy suelto, cimbreándome entre el feedback de la multitud que me reconoce por encima del hombro(¡GLB me llaman!) y muy pero que muy superado el complejo por mis entradas.
Incluso el otro día me lo soltó, de repente, una compañera de trabajo en los 10 minutos que tenemos para el kitkat : “Desde que tienes tu blog te veo como con más poso intelectual Ojovo”. Le pedí que se explicara un poco más. Me pidió 30 euros y una entrada en primera fila para ver a Pakita La Del Barrio por hacerlo. Con sutíl regateo le ofrecí mis kitkat por un ñacañaca. Me abofeteó. Mi gozo en su…ejem... poso. Acordamos finalmente el precio a la baja en una clara con pinchito tortilla y un par de pastillas de propóleo. Aceptó, aunque regañándome con los dientes.
“Bueno…”, me dijo, “se te ve como más sabio. Antes eras como más patán”. ¿Lo pueden creer? Si lo llego a saber, me ahorro el pinchito.¡Yo, PATAN! No hay un adjetivo en el mundo que deteste más que éste.¿Patán? ¡Lo que pasa es que ántes no tenía nada que contar!


Que se preparen todos los que nunca creyeron que maduraría como blogger: si hasta el momento todo ha sido un puro mariposear, verán ahora cuando de verdad me… pose.