05 junio 2010
Narciso de M...oda

Hoy me siento un poco baturro y por eso es mi deseo, como propietario del blog, darme un baño de multitudes y de paso...jeje...ya se sabe...aprovechar para hacerme a mi mismo una...ejem...oda, ya que no hay nada mejor para el cuerpo que eso cuando uno regresa de...ejem... la siega. Porque, ay, todo cambia; pero en el fondo, todo es lo mismo .
Y es que me encaaanta ver mi rostro reflejado en el agua del jacuzzi porque, incluso un poco distorsionado, mi faz luce esplendorosa perlada por el agua burbujeante y aromática.
A veces el sol se pone por un resquicio de la ventana y sus últimos rayos reflejan sombras chinescas en mi cara y mis cabellos empapados y sedosos revelan la voluptuosidad de mis facciones humedecidas por la brisa de la tarde y sus esencias.
Levanto grácilmente una mano y joyas invisibles rodean mis dedos ensortijándolos de bisutería oriental y cuando entreabro las piernas, doseles marmóreos de capitalina presencia, desplazando el agua con arrroyos de placer apenas saboreado y al instante perdido, el espejo de mi alma exhibe sin pudicia sus secretos más conmovedores y ocultos:
un eco fantasmal emergiendo de mi cuerpo diez y rebotando sigilosamente en las onduladas curvas de mi zona cero.
Cuando me canso, porque finalmente todo este ejercicio de hacerse una oda... caaansa, me lío un sigarrito y me zampo unas filloas y me voy calentito y perfumadito para la cama.